La noche

La oscuridad que abraza todas las formas, las envuelve en un manto frío, las enmudece, las descoloca

Lo soñado

Eres vapor de agua de un río seco un desierto sobrepoblado un tacto sin dueño

Futuro Express

Como si llevara días enteros esperándonos, el sopor de la tarde en el pueblo nos recibió con un abrazo cuando descendimos del tren. La brisa avanzaba con oleadas lentas y se detenía a descansar en el cuello, en los brazos, en el pelo de Susana, en mi camisa, en nuestras ganas de hablar. Ella, que…

Uno para el otro

Estás hecha del material del diablo, de promesas sin destino, de manzanas sin sabor a culpa, de mentiras sin escudo

La más profunda melancolía

“Gregorio dirigió a continuación su vista hacia la ventana (…) y el cielo encapotado lo sumió en la más profunda melancolía” La Metamorfosis

En una esquina de tu dedo

Hay un lugar, una esquina en uno de tus dedos que cubres con un anillo de papel y que el sol nunca toca

Juntos

Billy descendió del autobús escolar y atravesó el jardín hasta llegar a la puerta de la casa. Se detuvo un instante. Desde afuera se escuchaban las voces de sus padres, entre gritos y recriminaciones. Abrió la puerta con sigilo y la casa quedó en silencio. Desde el comedor de la cocina, lo miraban.

Verano

Akutahua remojó con la lengua sus labios resecos, mientras su espalda ardía bajo el sol de la tarde. La sequía se había extendido más allá de la frontera del clan y la cacería era cada vez más infructuosa, dejando esa tarde nada más que un pequeño alce. La tribu vio llegar a Akutahua cargando entre…

Homenaje de Gabriel García Márquez a Guillermo Cano

El siguiente es uno de mis textos favoritos y lo cuelgo aquí nada más que para tenerlo siempre a la mano, como una nota recordatoria. Fue escrito por Gabo en un homenaje a Guillermo Cano Isaza, director del diario El Espectador, algunos meses después de su asesinato:

Comunicado Oficial

La humedad de la selva comenzaba a instalarse entre los poros del guerrillero Salazar. A medida que se acercaban al campamento de las Fuerzas Oficiales, su frente y mejillas se empapaban de sudor, las manos le temblaban cada vez más y en medio del silencio los latidos de su corazón marcaban el tempo en su garganta.