15 minutos de fama, por favor

Era 1968. El artista Andy Warhol, como si estuviera poseído por un espíritu que le revelará los tiempos venideros, sentenció: “En el futuro todo el mundo será famoso por quince minutos”. Nunca antes en la historia de la humanidad habíamos alcanzado tal punto de libertad de expresión y, dicho sea de paso, visibilidad. Toda nuestra vida ha pasado a instalarse en la esfera de lo público, hasta el punto en que la privacidad hoy en día es casi inexistente, o peor aún, un lujo.

Pueblo pequeño, infierno grande

Ese refrán tan popular en nuestra cultura describe a la perfección lo que es internet hoy en día. Como si no bastara con la profecía que dio inicio a esta columna, Marshall McLuhan describió el mundo como una aldea global gracias al poder de los medios audiovisuales. Se refería a la radio, el cine y la televisión, porque en 1970 ni siquiera estaba haciendo cuentas de algo llamado Facebook.

Y es que no es para menos. Esta noche, mientras usted sale a la Avenida Web a buscar el teléfono de una pizzería, se puede encontrar en la misma esquina a Kim Kardashian peleando con el marido, Álvaro Uribe arengando contra el dueño de la casa y al contador de Lionel Messi buscando los extractos bancarios, mientras sus amigos lo invitan a ver las fotos de la última fiesta. Todo se divulga, todos se enteran, todos quieren hablar al mismo tiempo.

El bebé desnudo en la tina de baño

Uno de los momentos más vergonzosos para los que nacimos antes de los 90´s era el álbum familiar. Las fotografías de nuestra infancia haciendo el ridículo o desnudos en una tina eran expuestas en reuniones con familiares, amigos y uno que otro desconocido. Las discusiones acompañadas del rubor en las mejillas no se hacían esperar pero, a pesar de todo, bastaba una reconvención para no repetir el bochornoso espectáculo. Asunto olvidado.

Hoy las cosas son a otro precio. Llenos de orgullo y, en parte contaminados por cierto narcisismo, las últimas generaciones de padres publican a diestra y siniestra toda una serie de fotos de sus hijos, desde la ecografía hasta sus torpes caídas que terminan por despertar las carcajadas de todos en la red, desde los vecinos del barrio hasta un pueblo en algún lugar de China.

Hay una gran diferencia entre los dos últimos párrafos: elección. El niño de hoy no tiene poder sobre el contenido que se publica, de modo que desde ya carece de vida privada. ¿Qué será de su adolescencia cuando se vea señalado por quienes han visto sus ridiculeces en YouTube? ¿Qué sucederá con los que hoy son un meme? ¿Y si ese fuera usted? ¿Imagina cómo sería su vida si las fotos/videos de su infancia fueran de dominio público?

Del anonimato al desprestigio

No sé si usted ya se gastó el saldo de sus quince minutos de fama, o si en algún momento voy a pedir algo de cenar en internet y será usted el protagonista de la última tendencia, el participante humillado de un reality o el prestigioso director de un filme. Todo es posible.

Sea lo que sea, cuando llegue el momento aprovéchelos bien, porque en este pueblo, igual que en el infierno, las cuentas nunca terminan por pagarse.

Publicado originalmente en Al Poniente

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